PAUL NEWMAN Y ELIZABETH TAYLOR

PAUL NEWMAN Y ELIZABETH TAYLOR

viernes, 16 de marzo de 2007

LA IMPORTANCIA DE LOS ACTORES

¿Quien es el verdadero autor de una película?", preguntaba Jean Renoir en 1974,
y a renglón seguido se respondía a si mismo: " En los tiempos heroicos del cine norteamericano, en general, era el actor quien imprimía su sello personal a la película , pero a medida que la industria se desarrollaba se convirtió en un medio para la fabricación de estrellas." Ya antes , Raoul Walsh había declarado en esa misma línea: "Los verdaderos autores son las estrellas". La teoría del autor, formulada por los franceses a fines de los años cincuenta y centrada en el director, ha sido rechazada por la mayor parte de las figuras: el propio Walsh, William Wellman y Vicente Minnelli entre otros. La creación de una película , reconocen al unísono todos los que intervienen en su realización en una labor de todo un equipo.

Podría aducirse que las películas de Walsh tienen un ritmo más rápido que las de James Cruze, y que las comedias de La Cava son más intrascendentes que las de Clarence Badger, que John Ford prefiere las películas realzadas al aire libre o que Frank Borzage se inclina por las sentimentales ; sin embargo, bajo el imperio de star system las películas norteamericanas , casi sin excepción , se adecuaban a la personalidad y a las peculiaridades de los protagonistas ( esa influencia creció aún más al llegar el cine sonoro), como puede constatarse en las distintas versiones de The Prisoner of Zenda y de Star is Born o en las pruebas de la mítica Gone with the Wind.

"Bajo la dirección y la tutela de Zukor se revelaron algunas de las más famosas estrellas de la pantalla", se vanagloriaba "The Motion Picture Almanack", y la Paramount contó por un tiempo con el actor más popular del momento: Rodolfo Valentino( 1895-1926), consagrado en The Four Horsemen of the Apocalypse. En The Sheik ya había conseguido que toda una generación de jovencitas soñaran con ser raptadas por un apuesto árabe que las llevaría a su guarida en el desierto, aunque el secreto de su atractivo murió con el. Sus ademanes eran torpes , pero en Blood and sand ( Sangre y arena, 1922) interpretaba un papel plebeyo: el de un muchacho amante de la fama y no habituado a su atuendo de dandy, que se divierte fumando cigarrillos de colores , propios de señoritas , mientras la protagonista toca el arpa. Cambia como si fuese un camaleón : de la ingenuidad más rústica pasa a la intensidad más abrasadora, enmarcado todo ello en ambientes exóticos; Blood and sand esta basada en la popular novela de Blasco Ibáñez sobre el tema del toreo, y la película se realizó bajo la dirección de Fred Niblo.